Lunes, 07 de marzo de 2005 | 01:23
Bueno, se suponía que esto iba a terminar siendo una especie de diario personal con cosas curiosas para mi y mis relatillos, pero por lo que se ve ultimamente lo tengo un poquillo abandonado... No se que pasa que toy tol dia liao haciendo cosas. Estos días lo que mas tiempo me esta quitando es el teatro (por cierto, aprovecho y hago un llamamiento a la gente "EL DÍA 11 A LAS 9 DE LA NOCHE ESTRENAMOS CHICAGO EN SEVILLA, LAS ENTRADAS A 4 €, SE HARÁ EN EL COLEGIO PADRE CLARET , AL LADO DE REINA MERCEDES" jeje), aunque la verdad es que merece la pena, mi grupo de teatro está lleno de gente mu maja y me divierto muxo con ellos, aparte de que me está sirviendo bastante y aprendo cada día algo nuevo :D
Bueno, aparte de eso, pues no muxo mas. Hoy hago una semanita con 21 años y la verdad, que poco me gusta esto de hacerme mayor, con lo bonito que es ser niño... en fin, habra que hacer como Peter Pan y negarse a crecer, no? Aunque weno, como no puedo evitar envejecer, por lo menos intententaré mantenerme lo más infantil posible, ya se que suena un poco estúpido, pero en mi opinión no hay nada como la inocencia que tenemos cuando somos pequeños.
Creo que últimamente estoy desvariando un poco, así que no me hagáis mucho caso, jeje.
Bueno, sin más me despido hasta mi próximo post o hasta que consiga escribir algún relatillo nuevo, que las musas me tienen un poco abandonado :(
Saludos
Por: Duendecillo | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Domingo, 06 de febrero de 2005 | 18:35
Éste es otro cuentecillo que escribí el año pasado. En principio iba a ser asi de corto, pero me sugirieron que lo alargara un poquillo y en eso estoy, a ver pa cuando...
A ver que os parece
Le gustaba ese bosque, siempre le había gustado, le gustaba desde que podía recordar. Pero lo que mas le gustaba era tumbarse sobre esa tupida alfombra de hojas, recién caídas y aún húmedas por la ligera niebla que flotaba en el ambiente a comienzos de otoño. En pocos momentos se encontraba tan cómoda como en esos instantes, pues, en definitiva, ese bosque era su escondite y su santuario.
Desde pequeña, Iris se había refugiado en las profundidades del bosque protegida por la presencia atenta de los árboles.
Lo que siempre le había gustado hacer era leer, su gran pasión, y en ese lugar sentía que todo lo que leía adquiría un matiz mágico, distinto al que tenía en cualquier otro lugar; y siempre que lo hacía le gustaba compartir sus historias, así que siempre las leía en voz alta para que cualquier oído curioso pudiera escucharlas.
Leía historias de gnomos y duendes, de príncipes, princesas y malvadas brujas, de hadas, unicornios y demás seres increíbles, en los que, aún teniendo 19 años, Iris continuaba creyendo y los guardaba preciadamente en su memoria.
Terminados los relatos, Iris se recostaba sobre las hojas, apoyaba su cabeza en la raíz de algún árbol cercano hasta encontrar una posición cómoda, y cuando se sentía completamente relajada, cerraba los ojos y escuchaba. Le gustaba escuchar el sonido del bosque: el viento silbando entre las ramas de los árboles, el trino de los pájaros y el crujir de las hojas.
A veces, en esos días en que el bosque permanecía más silencioso que de costumbre, Iris creía percibir el sonido de los gnomos trabajando en las profundidades de la tierra, desmenuzando rocas con sus pequeños picos casi de juguete, y en ocasiones, hasta le parecía escuchar el gritito de júbilo que alguno de ellos soltaban cuando encontraba una de esas ansiadas y preciadas joyas.
También le gustaba imaginar que mientras ella permanecía así en silencio, las criaturas mágicas del bosque, que siempre permanecían escondidas, se acercaban silenciosa e imperceptiblemente, para poder ver mejor a la jovencita que siempre les deleitaba con sus historias. Ella los sentía acercarse, pero cuando los notaba justo a su lado, abría rápidamente los párpados y miraba curiosamente alrededor con una chispa de esperanza en sus brillantes ojos verdes, sólo para comprobar que el lugar estaba tan desierto como antes, -Y como siempre había estado- pensaba con desilusión.
Otras veces, cuando cerraba los ojos y se sumergía en el sopor de la imaginación, oía el crujido de algo pisando las hojas con suavidad, y entonces veía el corcel blanco culpable de esos sonidos. Montada sobre el caballo, llegaba a distinguir una figura de aspecto noble, vestida con ropas sencillas y elegantes, que se acercaba a ella y le tendía la mano para ayudarla a subir a su montura y llevársela de allí, para llevársela al lugar al que pertenecía, al lugar que no debería haber abandonado jamás.
Pero cuando Iris estiraba su brazo y cerraba su mano alrededor de la de él, se encontraba asiendo únicamente el aire, y sólo cuando abría los ojos se convencía de que allí no había nadie, que sólo había sido una ilusión, entonces era cuando se daba cuenta de que la culpable de la sombra que había oscurecido sus párpados cerrados había sido una pequeña nube que se había interpuesto en el camino de la luz del sol que se filtraba entre los árboles.
Y permanecía allí varias horas, siempre de sueño en sueño, y de decepción en decepción. Siempre que presentía que había algo más, su mente terminaba convenciéndola de que era sólo su imaginación.
Finalmente, llegaba el momento en que debía abandonar los rincones mágicos del bosque para recorrer el tramo que la separaba del mundo normal y corriente. Para su gusto demasiado normal y demasiado corriente.
Iris se levantó abandonando la capa de hojas que le había servido de colchón durante esos momentos y abandonó el lugar. Debía darse prisa, siempre se le hacía tarde para la cena.
Cuando desapareció de la vista, la quietud del lugar se volvió un bullicio de formas que se confundían con la naturaleza y que se movían con rapidez.
Un pequeño duende salió de debajo de una hoja y se apresuró a cubrir con varios saltitos la distancia que le separaba de la raíz donde había estado la cabeza de la joven. A su encuentro voló una pequeña hoja, que resultó ser una pequeña hada hábilmente camuflada. Se sentaron juntos en la raíz.
-Me da pena,- dijo el duende- creo que deberíamos mostrarnos a ella. Seguro que nos comprendería.
-Estoy convencida de ello,- replico el hada- pero ya sabes que tenemos prohibido hacerlo. No hasta que llegue el momento adecuado…
Por: Duendecillo | Relatos | Comentarios (4) | Referencias (0)
Viernes, 04 de febrero de 2005 | 14:04
Hace un ratillo, con el agobio de que tengo un examen esta tarde y sin saber todavía si me voy a presentar o no (sip, soy un desastre), pues me ha venido una idea a la cabeza de repente y me ha dado por escribir.
Lo voy a postear aquí, no se si lo haré muchas veces más porque no me gusta demasiado que lean mis relatos. Normalmente se los paso a algún amigo de confianza, pero bueno, con esto del anonimato de internet pos colgaré alguna cosilla de vez en cuando, asi que pido disculpas anticipadas ;p
La idea es buena, o por lo menos a mi me parece, lo malo es que me ha pasado lo mismo de siempre, que tengo muchas ideas mientras la cosa va tomando forma pero en cuanto me pongo delante del papel (del teclao en este caso) me quedo en blanco y tengo que volver a rehacerlo mentalmente todo de nuevo, y la mayoría de las veces para mi gusto las ideas originales eran mucho mejores.
Ah! por cierto, necesita título, si a algún visitante ocasional se le ocurre alguno pos que lo deje y yo tomaré nota ;)
Bueno, pues aki os lo dejo
Ahora cuando vuelvo la vista atrás todavía recuerdo el momento en el que te conocí.
No estaba en una de mis mejores épocas, supongo que había nacido predispuesto a sufrir depresiones o quizá es que me estaba volviendo loco por algún tipo de demencia extraña que iba ganándome terreno poco a poco. El caso es que yo me hallaba sumido en la depresión más profunda de todas las que había tenido, y créeme, fueron muchas. Continué con mis tratamientos, pero cada vez que tomaba una píldora, ésta me producía el efecto contrario, caía aún más profundo en el mar de mi olvido personal.
Pronto me echaron del trabajo. La verdad es que no me importó demasiado, estaba demasiado ocupado auto compadeciéndome y sólo me proporcionó un argumento más en mis interminables monólogos internos.
Me aislé del mundo completamente. Mi psiquiatra estaba muy preocupado y me hacía visitarle todos los días, decía que era bueno que saliera de mi estancamiento de vez en cuando. Creo que estaba pensando en internarme.
No se cuanto tiempo estuve así, y sinceramente tampoco me importa. Lo único que tengo claro es que un día sentí un rallo de luz en mi vida, una pequeña esperanza, casi me gustaría llamarlo una llamada del destino. Y yo, con una rapidez que no demostraba en mucho tiempo, descolgué.
Salí a la calle y me puse a andar. No se cuanto tiempo estuve andando ni hasta donde llegué, sólo que hubo un momento en que mi atormentada mente me dijo que ya había llegado.
Miré a mi alrededor con detenimiento, estaba en un parquecito bastante tranquilo. El suelo estaba cubierto de una tupida alfombra de hojas que crujían con cada paso y entre las copas de los árboles se filtraban rayos de luz que jugueteaban con las hojas rojizas, amarillas y naranjas produciendo extraños y bellísimos efectos luminosos.
Estuve así un buen rato, sentado en un banco mirando como la luz danzaba de una hoja a otra y luego a otra más, hasta que de repente un débil saludo a mis espaldas me sorprendió. No te había oído llegar.
Me giré y ahí estabas, mirándome tímidamente con esos ojitos tuyos tan verdes y jugueteando nerviosamente con tu precioso pelo negro. Te lancé una sonrisa y tú me la devolviste, y con ella toda la felicidad que había perdido. Nos dimos la mano y, sin dejar de sonreírnos, caminamos hasta mi casa. No desperdiciamos una palabra en todo el camino, total, ¿para qué? Me hablabas con la mirada y yo te respondía igual.
Te conté mi vida, y mis sueños, y mis esperanzas. Te conté todo lo que había esperado de la vida y cómo ella me había traicionado. Te conté cómo me habías arrastrado fuera de la oscuridad. Te di las gracias mil veces y te las volví a dar. Y pude leer una profunda comprensión. Y entonces tu compartiste tus sueños conmigo, y tuve la certeza de que éramos iguales.
Por fin llegamos, la casa estaba desordenada pero a ti no te importaba. Nos sentamos juntos en el sofá y seguimos conversando de esa forma tan especial durante tanto tiempo que no fui capaz de llevar la cuenta.
Finalmente nos fundimos en un abrazo y nos dormimos.
Cuando desperté ya no estabas busqué alrededor enloquecido pero no te veía. Sentí fugazmente tu presencia y me tranquilicé. Entonces me di cuenta de que no estaba en mi casa, sino que estaba tumbado mirando un techo que no me resultaba nada familiar. Quise incorporarme pero no pude, unas extrañas correas me mantenían bien atado.
Grité desesperado y por fin alguien apareció. Era mi psiquiatra con cara de preocupación. Me contó cómo me habían encontrado en mi casa. Estaba echado en el sofá medio muerto de hambre y sed y semiinconsciente. Fueron a buscarme porque falte tres días a mi cita con el psiquiatra. Dijo que me ataron porque pensaban que podía haber sido un intento de suicidio. Me reí. Ja. Lo que él no sabía es que ahora si tenía una razón para vivir, te tenía a ti.
Le pregunté dónde estabas cuando llegaron y me dijo que estaba sólo y comenzó a hacerme muchas preguntas. Le hablé de ti.
Empezaron a decir que estaba loco, no con esas palabras pero con el mismo desprecio. Decían que tú no existías, que eras una invención que mi cerebro había creado por alguna razón. Eso si que me hizo reír. Suena irónico, para ellos yo estaba igual de loco que ellos lo estaban para mí.
Pronto empezaron a administrarme nuevos tratamientos. Al principio no noté nada, pero un día me di cuenta de que cada vez te sentía menos, hasta que finalmente un día desapareciste del todo. Ese día me asusté al principio y me entristecí después. Cuando me di cuenta de lo que habían hecho me enfurecí y arremetí con todo. Me comporté como ellos querían, como un loco.
En la soledad de mi habitación, atado a mi cama como castigo, fue cuando realmente me di cuenta. Volvía a estar sólo. Me entristecí aún más y volví a caer en las garras de la depresión. Esta vez fue peor, ahora lloraba por mí, pero sobre todo, por encima de todo, lloraba por ti.
Han pasado tres años y por fin estoy fuera.
Lo primero que hice fue ir al parque y llorar. Lloré por ti, lloré por tu muerte, y lloré por el funeral que nunca habías recibido y que ahora te ofrecía.
Después escribo esta carta. Pero no te preocupes, ésta carta no es para ti, es para aquellos que te mataron. Para que comprendan.
Ahora corro a tu encuentro.
Por: Duendecillo | Relatos | Comentarios (6) | Referencias (0)
Lunes, 31 de enero de 2005 | 05:26
Un poema que me gusta bastante, y que tengo como tarea pendiente el aprenderme de memoria.
Para mi gusto es un poema un poco gore, pero es que la forma en que habla de esas tragedias y del placer que le producen, me hace hasta gracia, no sabría explicar xq :S
LA DESESPERACIÓN
Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los aquilones
horrísonos bramar,
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas la tierra iluminar.
Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.
Me alegra ver la bomba
caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo,
sin mecha al parecer,
y luego embravecida
que estalla y que se agita
y rayos mil vomita
y muertos por doquier.
Que el trueno me despierte
con su ronco estampido,
y al mundo adormecido
le haga estremecer,
que rayos cada instante
caigan sobre él sin cuento,
que se hunda el firmamento
me agrada mucho ver.
La llama de un incendio
que corra devorando
y muertos apilando
quisiera yo encender;
tostarse allí un anciano,
volverse todo tea,
y oír como chirrea
¡qué gusto!, ¡qué placer!
Me gusta una campiña
de nieve tapizada,
de flores despojada,
sin fruto, sin verdor,
ni pájaros que canten,
ni sol haya que alumbre
y sólo se vislumbre
la muerte en derredor.
Allá, en sombrío monte,
solar desmantelado,
me place en sumo grado
la luna al reflejar,
moverse las veletas
con áspero chirrido
igual al alarido
que anuncia el expirar.
Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
les hagan padecer;
les abran las entrañas,
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes caso hacer.
Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre en cumbre llega,
y arrasa por doquier;
se lleva los ganados
y las vides sin pausa,
y estragos miles causa,
¡qué gusto!, ¡qué placer!
Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar;
y en sus lascivas bocas,
con voluptuoso halago,
un beso a cada trago
alegres estampar.
Romper después las copas,
los platos, las barajas,
y abiertas las navajas,
buscando el corazón;
oír luego los brindis
mezclados con quejidos
que lanzan los heridos
en llanto y confusión.
Me alegra oír al uno
pedir a voces vino,
mientras que su vecino
se cae en un rincón;
y que otros ya borrachos,
en trino desusado,
cantan al dios vendado
impúdica canción.
Me agradan las queridas
tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello...
¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!
Por: Duendecillo | Cine y libros. | Comentarios (21) | Referencias (0)
Lunes, 31 de enero de 2005 | 04:51

Os coloco a continuación un link al trailer de la nueva película de Tim Burton, "Corpse Bride".
El estreno está previsto para Octubre de este año, y esta siendo rodada con la misma técnica que "Pesadilla antes de Navidad".
El argumento está basado en un cuento ruso en el que un muchacho, mientras se dirige al pueblo donde le espera su prometida para casarse, contrae matrimonio por accidente con una muerta, todo ello debido a su torpeza y/o estupidez. El caso es que el cadáver reclama sus derechos como esposa mientras que el pobre muchacho intenta solucionar lo que ha liado.
Personalmente espero esta película con impaciencia. Tiene pinta de ser de las películas que me gustan tanto de Tim Burton, esas que son cuentos, como "Eduardo Manostijeras", "Big Fish" o "Sleepy Hollow".
En cuanto salga me voy corriendo pal cine (o a enchufar el Emule en su defecto ;p )
Ala, ta luego!
Por: Duendecillo | Cine y libros. | Comentarios (0) | Referencias (0)
Lunes, 31 de enero de 2005 | 03:42

Mirando por ahí he encontrado una página web bastante curiosa. Se trata de "The Bentley Snow Cristal Collection", se trata de una colección de fotografías de copos de nieve perteneciente al Museo de las Ciencias de Buffalo.
Las fotografías fueron realizadas por Wilson A. Bentley a finales del siglo XIX-comienzos del XX, y hay algunas que son fantásticas.
Echadles un vistazo, al rato de estar mirando a mi me ha sorprendido darme cuenta de las cosas tan bonitas que se dan en la naturaleza y que nosotros muchas veces no percibimos.
Un saludo!
Por: Duendecillo | Curiosidades | Comentarios (1) | Referencias (0)
Sábado, 29 de enero de 2005 | 07:18
Puestos ya a comentar, pues que menos que empezar con que estoy en un grupo de teatro de Sevilla (weno, yo solo estoy de relleno, que le vamos a hacer...), y que proximamente, en la primera quincena de marzo, vamos a estrenar un musical: "Chicago". Supongo que os sonará a muchos por la película, y vamos, es el mismo argumento pero respetando el musical original.
Sólo decir que es algo que nos hemos estado currando bastante, y por ahora está teniendo muy buena pinta.
Así que animo a toda la gente de Sevilla que pueda llegar a leer este blog que se anime y se acerque a ver la representación. Las entradas no serán muy caras y el lugar probablemente será el salón de actos de la escuela superior de ingenieros.
Espero que nos veamos allí ;)
Por: Duendecillo | Teatro | Comentarios (0) | Referencias (0)
Sábado, 29 de enero de 2005 | 05:03
Bueno, la verdad es que no se por donde empezar, son las 5 de la mañana, y es increíble comprobar lo que puede hacer el aburrimiento en época de exámenes. Asi que aquí estoy, dispuesto a dar la tabarra con esta cosa ya tan extendida que son los blogs.
No se cuanto tiempo lo mantendré porque, para que voy a negarlo, soy una persona bastante poco constante.
Bueno, vayamos al grano:
He creado este espacio con el objetivo de escribir una especie de diario con mis vivencias, pensamientos, aficiones, libros y un largo (o quizá no tanto) etcetera.
A ver que os parece.
Por: Duendecillo | General | Comentarios (0) | Referencias (0)
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com